13 de noviembre de 2013

Artistas no profesionales


En una entrada de este blog, en la que opinaba sobre un reciente discurso de Antonio Muñoz Molina, postulaba yo que algunas personas, sin tener una formación específica y reglada en literatura, sin haber hecho de ella su oficio, podían tener facilidad para escribir bien. Por una aptitud natural, por un aprendizaje insensible e intuitivo. Se habla a veces de la Universidad de la calle, para designar esos conocimientos que se adquieren en el normal vivir de las gentes, sin necesidad de asistir a ninguna Facultad. Esto se podría aplicar perfectamente en estos casos, sustituyendo quizá calle por lectura, por la lectura de los buenos autores.

Sigo dándole vueltas a esa idea, que ya avisé que no me gusta dejar cabos sueltos y puedo ser detallista en ocasiones: hay gente con ciertas gracias y talentos innatos. Ocurre además que las modernas posibilidades tecnológicas hacen relativamente fácil el desarrollo y manifestación de esas habilidades: en las letras, en la pintura, en la música, en todo. Aquello que dijo Andy Warhol de que en el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos tal vez se ha cumplido ya, ya estamos en ese futuro. Pero no sólo por estas facilidades que nos ofrece la técnica, sino, y este es el núcleo de mi mensaje, porque realmente hay mucha gente que está bien dotada para muchas tareas.

Pensar que sólo aquellos de renombre en los diversos quehaceres, por haberse dedicado especialmente a ellos, son los únicos capaces de crear, me parece pretencioso. En Internet, leo un comentario al discurso citado: “Para quienes escribimos, la parte más hermosa de este discurso es en la que habla de nuestro oficio”. Es una opinión, hasta inocente y tierna, de autoafirmación ilusionada, de los que han escogido la literatura como dedicación privilegiada, siendo fieles a una vocación difícil y no sin riesgos. Pero que no puede excluir la realidad de que otras personas, que no son del oficio, puedan escribir cosas muy atinadas y valiosas. Tras todo esto está la vieja cuestión de si el artista nace o se hace, que siempre me pareció un falso dilema.

Un viejo amigo me manda el vínculo para un vídeo de charlestón de una sobrina nieta, traductora en la Unión Europea, poseedora de varios idiomas, entre ellos el chino. Aparte de las virguerías tecnológicas —es un montaje hecho con ella desde Gante y el músico desde Bruselas—, yo creo que los dos lo hacen muy bien. Cosas así estoy viendo constantemente en las más variadas artes o actividades, realizadas por gente que no son artistas profesionales, pero que muchas veces hacen lo que sea muy bien; tan bien como otras gentes dedicadas a esos menesteres. El vínculo para ver el charlestón es http://youtu.be/bvG3StkXs54.

No es un canto al adanismo cultural, es una simple constatación de la realidad, que no debiera suscitar celos o recelos en nadie. Pasa con todo y es hasta explicable. No siempre es posible garantizar que los escogidos en cualquier arte o actividad sean exactamente los mejores. Pensar que Miss España, por poner un ejemplo, sea la joven más guapa del país en un determinado año, no deja de ser francamente arriesgado. Pensar que será una mujer bien linda y llena de atractivos está absolutamente garantizado.