18 de enero de 2015

Efimeridad de las rosas, de la vida (fin)


Palabras clave (key words): Azar, Letourneur, Edward Young, Voltaire

Lector, el azar irrumpe con frecuencia en nuestras vidas y el mundo está lleno de casualidades. Pensé hablar de las rosas en la literatura, porque encontré un par de citas en Paul Bourget. Luego, por no sé qué motivo, leí algo de El amor en los tiempos del cólera y no pude parar, hasta leerla entera por tercera vez. Hay rosas en ella y ya las mostré. Ahora leo, en la página 168, que el doctor Juvenal Urbino pidió a su librero de París “las obras de los escritores más leídos, entre ellos Anatole France y Pierre Loti, y de los que más le gustaban, entre ellos Remy de Gourmont y Paul Bourget”. A Anatole France lo cité en este blog el 3 de enero y a Gourmont el 4 de mayo del año pasado.

Coincidencias, ¿verdad? Aunque también podría tratarse de lo que vio Heráclito de Éfeso, aquello de que “los que están despiertos habitan un mismo mundo; en cambio, los que duermen, viven cada uno en el suyo”. O sea, que el doctor Urbino y yo tenemos gustos comunes, quizá porque estamos despiertos. Como, seguramente, lo estaba el propio García Márquez. Otra cosa es el fruto que cada uno saque de su estar despierto. Eso es otra cosa y no es culpa de nadie. Yo hice lo que pude, feci quod potui.

Esta entrada final va a ser un descanso de tanta rosa. Mencioné a Letourneur, traductor de Shakespeare al francés en el XVIII, y como conoció detalles del encuentro entre Edward Young y Voltaire, y me apetece hablar algo de esto, me permitiré una breve desviación en mi tema.

Letourneur, en efecto, tradujo la obra Night Thoughts, de Young, 1742, en la que un viajero solitario reflexiona en un camposanto. Cualquier sitio es bueno, ¿no? Young fue uno de los llamados ‘poetas de cementerio’, considerados prerrománticos y antecesores del género gótico, cuya primera obra, en opinión de muchos, fue Castillo de Otranto (1764), del inglés Horace Walpole (1717-1797). Pues bien, Letourneur refiere lo que le espetó Young a Voltaire: You are so witty, profligate and thin, / at once we think thee Milton, Death and Sin (usted es tan ingenioso, disipado y fino, que inmediatamente le vemos como a Satán, la Muerte y el Pecado). Son tres personajes alegóricos del Paraíso perdido, de John Milton, al que Voltaire criticó duramente en presencia del irritado Young, durante la estancia del francés en Inglaterra.

Voltaire estaba en Londres cuando murió Sir Isaac Newton, el 27 de marzo de 1727. En su entierro, en Westminster Abbey, llevaron el féretro el Lord Canciller, los duques de Montrose and Roxburgh y los condes de Pembroke, Sussex and Macclesfield, todos miembros de la Royal Society, cuyo presidente había sido Newton, y Voltaire fue un espectador más. Poca de aquella gente había leído los trabajos de Newton, pero su nombre era reverenciado y la nación entera se sumió en duelo.

Me sigo apartando del tema, para descansar un poco de tanta rosa, y por hablar un poco de ese poliédrico Voltaire, que en su retiro de Ferney vivió uno de los períodos más activos de su vida. Dueño allí de una granja, quiso convertirla en un modelo de organización, pero no pudo con las rencillas locales y hasta hubo de presentarse ante la justicia por haber golpeado a uno de los trabajadores. Restauró la iglesia e hizo esculpir en su fachada la inscripción Deo erexit Voltaire (para Dios la erigió Voltaire). El escurridizo ateo o agnóstico erigiendo un templo a Dios.  

Vuelvo ya a las rosas; recientes, de hace unas horas. Me llega un mensaje, por lo del ataque a la revista francesa Charlie Hebdo, con un cuadro de una gentil pintora, al que acompaña una leyenda: “Podrán cortar todas las rosas, pero la primavera llegará puntualmente”. Siempre las rosas. No sé si se trata de una cita nueva o una alteración de la de Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. Qué más da.

Última entrada de citas. En la próxima hablaré algo sobre la metodología seguida.