28 de febrero de 2014

Citando a Josep Pla


Este blog empieza a tener cierto volumen y no recuerdo con precisión todo lo que he escrito en él. En alguna parte, hablando de literatura, habré expresado mi convicción de que el lenguaje literario ha de ser exquisito y trabajado. Lo que no quiere decir obviamente que, si se narra un diálogo entre estibadores, estos tengan que expresarse como catedráticos de Lingüística. De estas ideas mías hablo con largueza en mis Apuntes sobre literatura.

No todo el mundo está de acuerdo con este modo de ver la creación literaria. Josep Pla, en su obra El cuaderno gris, protesta sobre lo que llama provenzalismo, el enzarzarse en el juego literario de las formas, y critica a los que creen que la literatura es un arte retórico y ‘formalístico’ (sic), cuyo fin es la construcción de frases. Estas ideas de la literatura noble imperaron durante siglos, dice, pero hoy no valen, ni siquiera en el país más académico del mundo, que es Francia.

Dice eso, pero luego, en muchas ocasiones, escribe textos bastante rebuscados: “Cuando la tarde cae, las montañas de poniente, la raya de su perfil, se aureola de una luz arcaica”. Y hasta los explica, lo que es relativamente insólito: “¿Qué es una luz arcaica? Quiero decir una luz de cuadro antiguo, la luminosidad que queda sobre el cuadro cuando se le ha puesto la pátina de polvo y de engrudo que depositan los siglos”. Tampoco es parco a la hora de acumular adjetivos. Habla de las personas románticas: “Son impenetrables, inasequibles, imposibles, inaferrables —el adjetivo no está en el DRAE, pero lo veo en otros textos, en el sentido de inasible—, inabordables, intocables, impalpables, irreductibles”. O también: “Ahora hay tierras de color de rosa. Los humos y las evaporaciones de la tarde ponen sobre el paisaje rosado una tenue pincelada de color azul claro”. Describe una locomotora, en la sobretarde: Como va con leña, la máquina centellea como un dragón furioso.

No se trata sólo de la forma, pero esta cuenta, y mucho, en la buena literatura. Hay más cosas, en las que Pla se mueve con ingenio y soltura. Habla de un verso de un poema perdido de Homero: Sabía muchas cosas, pero todas las sabía mal. Es una cita que está, referida allí a un poeta sin nombre, en el Segundo Alcibiades, un diálogo platónico, seguramente apócrifo. Pla hace afirmaciones, con las que estoy totalmente de acuerdo: “De joven se tiene una llamarada de vanidad, que no suele durar. Si perdura es un síntoma de estupidez considerable”. En otro momento, no parece considerarla tan circunstancial: “La vanidad parece segregarse de la estructura misma de los tejidos humanos”. Lo de siempre: nada es sencillo, definitivo.