2 de junio de 2014

¡Viva la bagatela! (final)


Quedé en hablar sobre el modo en que un poeta, filólogo y ensayista, Pablo Cabañas, enfoca el estudio de la expresión ¡Viva la bagatela! Es un abordaje muy distinto al de un lector sin más, pero que —y este es el motivo por el que traigo el tema aquí— deja a este un margen para opinar y expresar sus puntos de vista.

El filólogo empieza haciendo alguna reflexión sobre la generación española del 98 y enseguida entra en la materia, afirmando que la expresión citada aparece en tres de los más brillantes escritores de la época: Valle-Inclán, Baroja y Azorín. Y va contando las ocasiones en que esto ocurre.

De Valle cita el pasaje de Sonata de invierno, que ya mostré yo en mi entrada anterior. Añade luego que dicha expresión también aparece en otra obra suya, Luces de bohemia, cuando don Latino de Hispalis y otros jóvenes modernistas acuden a la redacción del periódico El popular y allí el redactor jefe, don Filiberto, les increpa: “Hay alguno de ustedes, de los que ustedes llaman maestros, que se atreve a gritar ‘Viva la bagatela’. ¡Y eso no en el café, no en la tertulia de amigos, sino en la tribuna de la Docta Casa! ¡No puede ser, caballeros! Ustedes no creen en nada: son iconoclastas y son cínicos”. La Docta Casa es el Ateneo, aclaro.

En El mayorazgo de Labraz, de Pío Baroja, obra de 1903 y dos años anterior a Sonata de invierno, uno de los personajes, don Ramiro, pregunta a un inglés, Samuel Bothwell, que si es un estoico, a lo que este responde: “Mis ideas filosóficas y sociales se compendian en este grito de Swift, ¡Viva la bagatela!”. En sus Memorias, don Pío aclara que la frase no la tomó de Valle y defiende su primogenitura: “Yo fui el primero en exhumar ese grito del abate Swift”.  Aunque luego afirma: “Actualmente yo no tengo la seguridad de si este grito de un escéptico, que leí en una crestomatía inglesa, estaba atribuido al abate Swift o a Sterne, que también era abate y también irlandés”. Y vuelve a citar la frase otra vez en sus Memorias, en el prólogo de Bagatelas de otoño.

Ramón Gómez de la Serna, en su biografía de Azorín, documenta también la expresión, al insertar unas palabras que el primero pronunció en un homenaje al segundo, el 26 de junio de 1930: “Siempre hay cosas nuevas que decir sobre la vida de este escritor, que es un verdadero literato; libre desde que entró en aquel café solitario de su juventud y pidiendo una copa de aguardiente, exclamó: ¡Viva la bagatela!”.

Para Cabañas, el padre español de la expresión es, sin duda, Azorín. Un artículo suyo, Curso abreviado de pequeña filosofía es una glosa de la misma y se inicia y termina con el grito tantas veces mencionado, verdadero hilo conductor del artículo. De Azorín pasaría a Baroja y de este a Valle. No es casual que se produzca esta especie de eslogan, este motto, entre los escritores del 98. Al fin y al cabo resume una renuncia, una desilusión, un escepticismo, tan justificado y extendido entre los miembros de esa generación. Y termino aquí para no hacer más enfadosa la relación.

Como se ve, todo esto es el resultado de una rigurosa investigación de textos, con un propósito definido y las pertinentes conclusiones. Es el trabajo de un especialista, de un experto. Que deja abierto, sin embargo, y es lo que me interesa subrayar otra vez, un amplio campo de meditación para el profano, que puede juzgar sobre la inserción de la expresión en un determinado texto, sin necesidad de conocer todos estos detalles.

Expresión, por cierto, que no procede de Jonathan Swift, sino de Laurence Sterne (1713-1768), el autor de la excelentísima Vida y opiniones de Tristram Shandy. Aunque de otra obra suya, A sentimental journey through France and Italy; concretamente, de una carta de la misma, de la que tomo un fragmento. El texto está en francés y así lo transcribo: L’amour n'est rien sans sentiment. Et le sentiment est encore moins sans amour. […] En attendant, ¡Vive l’amour et vive la bagatelle!