15 de octubre de 2014

Despedida, temporal y parcial


Ya dije que iba a dejar este blog, con su actual diseño, y que me reservaba las dos últimas entradas para explicar mi decisión. En esas estamos. Llamo la atención sobre lo de ‘con su actual diseño’, porque continuaré escribiendo entradas. Pero trataré de que sean más cortas y mucho más espaciadas en el tiempo.

Estoy convencido de que una característica nuclear, definitoria, del ser humano es su incurable propensión a hartarse de todo, a aburrirse con todo. De ahí nace su necesidad de cambiar, de anhelar y buscar cosas nuevas. No es una cualidad puramente negativa, sin más. No pretendo valorarla ahora, la reseño simplemente.

Empecé el blog con ilusión, que fue aumentando con el tiempo. En parte porque los resultados han sido aceptables. Cierta organización cuenta las visitas a su blog en relación con el aforo de la Ópera de Sydney (2.700 personas). La llenan once veces al año, dicen. Yo soy una persona sola, no estoy en ninguna de las redes sociales, llevo sólo un año y la habría llenado algo más de tres veces. La tercera parte de mis lectores son de USA y los hay de Alemania, Argentina, Méjico, Rusia, Canadá, hasta de China. Para mí, más que suficiente. Aun así, he empezado a hartarme, a aburrirme.

Seré muy sincero: empecé a ‘hablarle’ al blog más de lo debido. En cuanto tenía algún tiempo libre, al despertarme en la noche, etc., se me ocurrían cosas y las trataba de guardar y acomodar para el blog. Esto no me gustó; no me parece natural o deseable. Y el blog ha crecido tanto (casi ciento sesenta mil palabras, un libro de cierto tamaño) que ya debo indagar, con la ayuda para búsquedas de Word, si algo que pretendo añadir no lo he mencionado antes. Se estaban complicando demasiado las cosas. Seguiré, pero con mucha más calma.

Mis lectores no envían muchos comentarios al blog. Me hubiera gustado recibir más, para conocer sus gustos, sus preferencias. Ahora bien, por cierto azar, he visitado el blog de alguien conocido, famoso, que acoge infinidad de ellos… Salvo alguna rara excepción, mejor no tener ninguno. No son verdaderos comentarios, son sólo deseos de dejar unas palabras escritas en algún soporte que las soporte, valga el juego de palabras. Es que el deseo de escribir se ha hecho irreprimible, como antes el de hablar, al que ya me referí otras veces (quizá en este blog, ya ni lo sé). Siempre pensé que lo que más le interesa al ser humano no es el sexo, ni la buena mesa, ni el dinero, ni los viajes… es hablar. Podría aportar pruebas.

Me hubiera gustado tratar otros muchos temas en mi blog. Después de haber vivido bastantes años y leído un buen número de libros —no querría caer en lo que critica sabiamente un proverbio latino: laus in ore proprio vilescit (la alabanza propia envilece)—, uno piensa que podría tener algo que decir. Pero todo puede ser un engaño, una quimera. Con la edad también se acumulan muchos errores y desvaríos.

Sí quiero hacer alguna clase de balance. Lo hice antes sobre la razonable difusión del blog. Me gustaría decir que mis escritos —me refiero siempre a los no médicos— tienen ya cierta extensión. Toda mi vida me ha gustado escribir, pero empecé a publicar ficción con cierta constancia sólo cuando me jubilé (hace diez años, con sesenta y cinco). Hasta entonces lo que publiqué fueron libros y artículos relacionados con mi profesión. 

El procesador Word me permite conocer el número de palabras que he escrito en todas mis obras de ficción: son 1,3 millones, un dato no fácil de valorar o comparar en sí. El Mahabharata, la famosa epopeya india en sánscrito, la más larga jamás escrita, tiene cien mil shloka (estrofas), unos doscientos mil versos, y pasajes en prosa. Consta de 1,8 millones de palabras, diez veces más que la Ilíada y la Odisea, que suman juntas unas doscientas mil palabras. O sea, que he escrito unas seis veces más que Homero. Lector, créeme, no reclamo ser seis veces más popular que él; de verdad que no. Pero podría ser algo más conocido de lo que lo soy, eso sí. Te aseguro que me da igual.

Trataré de explicarte el porqué, en mi próxima entrada, la última con este formato. El blog, sin proponérmelo, va a tener estructura circular, como una obra ensamblada por un maestro impecable. En efecto, mi primera aportación fue un relato de humor sobre los problemas de publicar en España, Mis primeros pasos en el mundo de la edición. Las palabras de ahora se engarzarán perfectamente con lo que contaba allí.