28 de noviembre de 2014

Segunda carta al señor Artur Mas (I)


Molt honorable senyor Artur Mas: Es la segunda carta que le escribo en este blog, que no está dedicado a temas de actualidad. Entre nosotros, esto puede aburrir a las ovejas. No objeto que los catalanes, pocos, muchos o todos, quieran ser independientes: las querencias son libres, aunque sería útil saber cómo surgen, qué argumentos las motivan, que alcance tienen, que consistencia, qué volatilidad… Lo que molesta es el constante insulto a la inteligencia en que se han instalado.

Frente a la reciente querella de la fiscalía, ya ha clamado alguien que “España es la que nos empuja a la independencia”. No espero grandes dosis de razón en ningún nacionalismo, pero esto es imposible tomárselo en serio, por lo que, si me permite, le contaré un chiste: En el desierto, un león, un camello y una tortuga, se habían dado la norma de que, en caso de que faltara el agua de consumo, se decidiría por sorteo quién habría de ir a buscarla. Esta norma había sido refrendada por una aplastante mayoría de leones, camellos y tortugas. Un día faltó el agua, se procedió al sorteo y correspondió a la tortuga la tarea del aprovisionamiento. La tortuga, apenas separada unos metros del lugar, removió la arena y se sepultó. Pasaron dos semanas y, ante la tardanza de la tortuga, el león comentó: “Parece que la tortuguita se está retrasando un poco”. Emergió entonces la buena de la tortuga y dijo: “Ah, conque criticándome. Pues ahora no voy”.

Hizo bien la tortuga, tenía toda la razón del mundo, ¿no es verdad, amigos catalanes? Cualquier observador imparcial podría certificar que jamás han hablado ustedes de independencia. Han propuesto fórmulas de reajuste fiscal, cambios en su inserción en España, etc., pero jamás pensaron en la separación. Ustedes quieren, simplemente, votar; están poseídos de furor suffragandi. Es verdad que podrían votar sobre si creen que existe el tan perseguido punto G de la sexualidad femenina, por ejemplo. Pero también se puede votar sobre otras cosas. Sin embargo, en la propaganda animando a votar se decía algo como Tu decideixes, y esto es ya algo diferente. Porque para decidir hace falta, además de votar, tener la necesaria capacidad legal.

Responsabilizar a todos los españoles de su deseo de independizarse, es un insulto a la inteligencia. Si ustedes no comprenden esto, andan poco sagaces; si lo comprenden, no entiendo por qué esgrimen tal argumento. No van a convencer así a ningún catalán rezagado, que tampoco son tontos. Señor Mas, usted se preguntaba hace poco qué pensarían en el extranjero al ver que España prohíbe votar. No sé si ha vivido algún tiempo fuera de Cataluña. Sepa que, en ese extranjero al que usted se refiere, no se preocupan excesivamente por lo que ocurra en España entera y no digamos en Cataluña. Especialmente, con la que está cayendo, con la que siempre está cayendo.

Siempre me han parecido los catalanes, al menos los de antes, laboriosos y serios. No me pida que añada otros calificativos que pudieran indicar alguna neta superioridad con respecto al resto de los españoles, porque, honestamente, tendría que mentirle. Tampoco ocurre lo contrario, claro. Ustedes disfrutan todavía de la gran ventaja de haber comenzado antes su desarrollo económico e industrial. Y no sé de dónde han surgido sus políticos nacionalistas exaltados, que no son, ciertamente, para deslumbrar a nadie. Muchas veces hasta llama la atención su falta de madurez y la ingenuidad de sus argumentos, en comparación con los de otros dirigentes más sólidos.

(continuará)