26 de noviembre de 2014

Sobre realidad y ficción


Hacer breves las entradas no deja de tener inconvenientes; al menos para mí, que estoy poco dotado para la concisión. Quedan cosas por decir, se toman atajos… En mis dos entradas anteriores trataba de contestar esa pregunta que muchas veces me hacen, legos y cultísimos por igual: ¿Te amparas para tus ficciones en hechos reales? Mostré en este blog mi relato, Un viaje a Baviera, y conté luego un hecho real que podría tener cierta relación con él. Sólo cierta relación, se constata enseguida que se parece muy poco lo vivido a lo imaginado. Yo creo que casi siempre es así con los escritores. Por no hablar de la mayoría de los casos, en que no existe ningún suceso real que inspire, ni siquiera remotamente, al autor. En mi relato, de no ser por haberme asomado a la obra de Moisés de León, al que menciono, y a textos de la tradición mística judía, no habría podido vertebrar ninguna trama a expensas de lo que me ocurrió en algún lugar de Baviera, que sigo —eso sí es verdad— sin poder localizar.

Mi conclusión es que pocas veces la ficción debe gran cosa a la realidad; casi siempre nace libre e independiente. En una reunión de médicos escritores, leí otro relato mío, De Beirut a Damasco, y todavía recuerdo el fingido y gentil enfado de la esposa de un amigo, al confesarle después que jamás había existido ese viaje, que todo era inventado por mí.

Mencionaba también en mis entradas un libro médico en el que se citaba al rabí Akiva ben Yosef. Añado ahora que era el Samson Wright’s Applied Physiology, un espléndido y universalmente famoso libro de fisiología. Samson Wright era judío y había nacido en Pinsk, Bielorrusia, aunque llegó con dos años de edad al Reino Unido. Fue profesor de la Universidad de Londres con treintaiún años y un docente vocacional. Era sionista convencido y ayudó a muchos científicos judíos que huían de los nazis. Su salud se afectó gravemente al morir su esposa. Él murió de un infarto, en 1956. La sesión necrológica en la Universidad “was attended by the great and the good”, expresión inglesa equivalente a la crème de la crème francesa o la flor y nata española.

De lecturas y conocimientos se nutre más bien la ficción. Mucho más que de los avatares concretos de la vida del escritor. Quod erat demonstrandum.