14 de enero de 2015

Efimeridad de las rosas, de la vida (V)


Palabras clave (key words): Ronsard, Sonnets pour Hélène, Le second livre des amours

El principal objetivo de estas entradas en cadena es mostrar, a propósito de las metáforas sobre rosas, textos de diversos autores; algunos de ellos nada actuales o poco conocidos. Uno de los versos más citados de este elenco es de un poeta francés del siglo XVI, Pierre de Ronsard: el celebérrimo Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie (Coged ya hoy las rosas de la vida). Es, como otros expuestos, un canto al tiempo presente, una llamada angustiada a gozar de la vida y desconfiar del futuro. Ronsard conoce bien a Horacio (tradujo sus Odas epicúreas) y además vivió pronto la brutalidad y aspereza de la muerte. Con doce años entró en la corte, al servicio del Delfín, que murió tres días después, con diecisiete años. Un año más tarde fue nombrado paje de su hermana, Magdalena de Francia, casada con el rey Jacobo V de Escocia, y la reina murió a los pocos meses, sin cumplir los diecisiete. Es fácil imaginar la impresión de estos tristes sucesos en alguien asomándose al umbral de la adolescencia.

Debería ser breve, pero no puedo dejar de citar el principio del poema al que pertenece el verso de más arriba. Está en los  Sonnets pour Hélène, que Ronsard escribe, por sugerencia de la reina Catalina de Médicis, para tratar de consolar a la bella y virtuosa Hélène de Surgères, una dama de su corte que acaba de perder en la guerra al capitán Jacques de La Rivière, de quien estaba enamorada: Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle, / assise auprès du feu, dévidant et filant, / direz, chantant mes vers, en vous émerveillant: / Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle ! […] Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain: Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie (Cuando seáis anciana, al atardecer, a la luz de las velas, / sentada junto al fuego, devanando e hilando, / diréis, cantando mis versos, maravillándoos: / ¡Ronsard me celebraba en tiempos que era bella! […] Vivid, si me creéis, no esperéis al mañana: Coged ya hoy las rosas de la vida).

Todo tiene su justa medida, lector. En otro soneto de Ronsard, de título Toma esta rosa, esta palabra se repite nueve veces. El primer cuarteto es: Toma esta rosa, amable cual tú eres; / rosa entre rosas bellas, la más rosa; / diosa en flor entre flores, la más diosa, / de las Musas, la Musa de Citeres. Tanta repetición cansa y los retruécanos y juegos de palabras. Sin embargo, hay ritmo, hay música, hay ingenio: es poesía. Otro poema de Ronsard comienza Mignonne, allons voir si la rose…, a la que ya en el siglo XVI le puso música Jehan Chardavoine y figura en cancioneros desde 1575.

No me resisto a copiar un par de cuartetos, de otro poema que está en Le second livre des amours, de1555, aunque me aparte del tema. Es sobre el amor y recuerda sin duda a otro famosísimo y excepcional de Lope de Vega: C’est mille maux pour une seule œillade, / c’est estre sain, et feindre le malade, / c’est en mentant se parjurer, et faire / profession de flatter et de plaire. / C’est un grand feu couvert d’un peu de glace, / c’est un beau jeu tout remply de fallace, / c’est un despit, une guerre, une tréve, / un long penser, une parole bréve. Grafía de francés antiguo. La traducción española: Es mil males por sólo una mirada, / es estar sano y fingirse enfermo, / es perjurar mintiendo, y hacer / profesión de adular y complacer. Es un gran fuego envuelto en poco hielo, / un bello juego repleto de falacia, / es un despecho, una guerra, una tregua, / un largo pensar, una palabra breve.

Soy un fiel admirador de la gran literatura francesa. Pero si comparo estos versos con los de nuestro Lope, tengo que decir que hay gran trecho entre ambos, a favor del español. Hablaré un poco más de Ronsard y de La Pléiade en otra entrada.

(continuará)