2 de febrero de 2015

Sobre la momentánea derrota del Tiempo


Palabras clave (key words): Platón, Ferran Adrià, John F. Kennedy, Thomas Jefferson.

Platón, en un pasaje de su Político, refiere un antiguo mito griego: el universo giró en sentido inverso y los seres mortales cesaron de envejecer y regresaron a la juventud y la niñez. Hace unos días ocurrió algo parecido. No para todos los mortales, pero sí para los nueve amigos que estábamos reunidos en casa de uno de nosotros, compartiendo mesa y mantel. Para nosotros, el cosmos entero se aquietó y el tiempo volvió atrás más de medio siglo, hasta nuestros años de estudiantes de Medicina, en Madrid.

Cualquier acontecimiento esplendente y gozoso alberga en su núcleo la amarga semilla de una tristeza posterior inevitable. De la apoteosis del sexo deriva la tristitia post coitum, como designaban los romanos al sentimiento de soledad y vacío que puede suceder a la plenitud amorosa. Del hecho que cuento, también quedó la melancolía de su fugacidad, de su imposible continuación, de la evanescencia final del alegre estado de ánimo en el que el tiempo pareció derrotado. Hay una tristitia post concilium.

Vuelvo a Ferran Adrià y a esas simplezas de la alianza entre lo gastronómico e intelectual. En nuestro caso, fueron experiencias nada relacionadas. Hubo un ambiente culto y delicioso, fruto de las aportaciones de los reunidos. Porque no fue sólo el sentimiento agradable del reencuentro y la remembranza, sino que hubo también un rico intercambio de ideas. Para eso, la gastronomía no ayuda nada y hasta puede estorbar, si se topa uno con algún cocinero lenguaraz. Entre los nueve, sumábamos casi siete siglos. Y hemos dejado atrás muchas cosas, quizá no del todo: las vanidades, las intrigas, ya leves o inexistentes. Estamos todavía en una orilla placentera y dulce de la vida. Algunos de los asistentes han tenido un más que discreto éxito profesional y académico, pero todo eso quedó fuera y quedaron sólo las reflexiones y los afectos.

El 29 de abril de 1962, el año que terminamos la carrera, hubo una famosa cena en la Casa Blanca, en honor de los Nobel americanos. Se celebró “in the State Dining Room and the Blue Room” y asistieron cuarenta y nueve Premios Nobel y diversas personalidades de las artes, la ciencia, rectores de Universidad, etc. El presidente Kennedy los saludó así: I want to tell you how welcome you are to the White House. I think this is the most extraordinary collection of talent, of human knowledge, that has ever been gathered together at the White House, with the possible exception of when Thomas Jefferson dined alone (Quiero decirles lo bienvenidos que son ustedes en la Casa Blanca. Creo que es la más extraordinaria colección de talento, de conocimiento humano, que jamás se ha reunido en esta Casa Blanca, con la posible excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba aquí, solo).

Me gustó siempre esta anécdota, su fina ironía y el claro y explícito tributo a la inteligencia individual. Creo en las virtudes del equipo, pero también en las del genio aislado. Sin entrar en el lado oscuro y sombrío de Jefferson —no hay ser humano que no lo tenga—, este presidente fue un hombre excepcional. Kennedy continuó: Someone once said that Thomas Jefferson was a gentleman of 32 who could calculate an eclipse, survey an estate, tie an artery, plan an edifice, try a cause, break a horse, and dance the minuet (Alguien dijo una vez que Thomas Jefferson fue un caballero de 32 años, que podía predecir un eclipse, regir una hacienda, ligar una arteria, planear un edificio, juzgar una causa, domar un caballo y bailar un minueto).

Jefferson fue el principal redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y el primer Secretario de Estado de la joven nación (1789-94). Luego fue segundo Vicepresidente (1797-1801) y tercer Presidente (1801-09). Compró Louisiana a los franceses, fue un apasionado defensor de la separación de la Iglesia y el Estado e hizo de la libertad individual el núcleo central de la revolución americana.

(continuará)