4 de febrero de 2015

Sobre la momentánea derrota del Tiempo (fin)


Palabras clave (key words): Thomas Jefferson, trasplante renal, trasplante de corazón

Conviene recordar que la compra de Luisiana, en 1803, duplicó el tamaño de los Estados Unidos y constituye hoy el 23 % del país. De sus ideas sobre la esclavitud y de la relación con su esclava Sally Hemings —algo íntimas, porque tuvieron juntos seis hijos— no diré nada más. Jefferson ha sido considerado como el apóstol de la libertad e inspirador de partidos políticos y disidentes liberales en muchos países.

Nada que ver aquella reunión de premios Nobel con la nuestra, infinitamente más modesta. Pero algunos de nosotros habían trabajado con pioneros en medicinas o cirugías de vanguardia y se charló sobre ellos, comentando detalles interesantes o curiosos. Hablando de trasplantes renales, se mencionó a los gemelos Rafael y Robert Mendez, que hacían esa cirugía hacia 1970, en Los Angeles, años después de que Joseph Edward Murray realizara el primer trasplante con éxito definitivo en Boston, en el año 1954, lo que le valió el Premio Nobel en 1990. Murray presumía de no haber investigado nunca, como expuso en la autobiografía que envió al Instituto Karolinska al recibir el premio.

Antes de 1954, el nefrólogo Jean Hamburger, de París, inventor del primer riñón artificial, había impulsado al equipo quirúrgico de Louis Michon, a realizar el primer trasplante renal en el hospital Necker, el día de Navidad de 1952, en el paciente Marius Renard. Jean Hamburger fue uno de los tres grandes ‘Jean’ de la medicina francesa del siglo XX, con Jean Bernard y Jean Dausset. Los dos primeros escribieron también obras no médicas. Hamburger tiene una, espléndida: Le journal d’Harvey, biografía algo novelada del descubridor de la circulación de la sangre.

Los citados Mendez eran hijos de un personaje singular, Rafael Méndez, nacido en Jiquilpan, Méjico, en 1906, trompetista de fama mundial, de repertorio clásico, popular mejicano y jazz, que murió en el año 1981. Tiene su estrella en el Paseo de los Inmortales de Hollywood. Este Rafael era el cuarto hijo de quince y con sólo cinco años empezó a tocar la corneta y a acompañar a su padre en la orquesta que había fundado y que fue contratada por Pancho Villa. Se dice que en la guerra la orquesta tocaba todos los días a las cinco de la tarde y se hacía una tregua. Luego, continuaba el combate. Los cirujanos Mendez también tocaban la trompeta y acompañaron alguna vez a su padre.

Alguien de nosotros pudo conocer a uno de los fundadores de la hematología, William Dameshek, nacido en Rusia y que llegó a Estados Unidos con sólo tres años. Otro era residente en el Maimonides Hospital de Nueva York aquel 6 de diciembre de 1967, cuando Adrian Kantrowitz realizó el primer trasplante de corazón en un niño, el segundo en el mundo, tres días después del de Barnard. Se comentaba entonces en el Maimonides que días antes, por circunstancias fortuitas, no se había podido hacer allí un trasplante, que habría sido primicia mundial. Kantrowitz y Michael DeBakey, en 1965, ya habían implantado un artificio mecánico para ayudar al corazón insuficiente. En 1967 había cuatro cirujanos preparados para el salto definitivo: Norman Shumway, de Stanford University; Richard Lower, en Virginia; el propio Kantrowitz  y Christiaan Barnard, en Sudáfrica. Fue este el que llegó primero a la meta.

Gente excepcional, activísimos todos y muchos longevos. DeBakey murió a punto de cumplir 100 años, Jean Bernard con 99, Murray con 93 y Kantrowitz con 90. Hablar de ellos, recordarles con sencillez y cariño, fue una fiesta. Con la alegría y el pasmo de haber rozado a gente admirable. No olvidamos a nuestros maestros españoles, presentes en nuestras recordaciones de ese día y siempre. Entendemos que todo ha sido como una bendición, algo por lo que deberemos estar siempre agradecidos, y lo estamos. De la distendida charla, cito aquí sólo los asuntos de interés más general.

Se habló de gastronomía; un momento, para saludar y felicitar a la cocinera. Había mil temas mucho más interesantes; si lo puedo decir, sin ofender a algún chef famoso.