20 de marzo de 2014

La bella Zaida y el rey Alfonso VI


Tengo que hablar, sin falta, de Zaida, que tuvo amores con el rey Alfonso VI. Por ella empezó lo de traer aquí este asunto, porque su historia se parece algo a la del joven Carlomagno y la Galiana. Me cuesta trabajo abandonar la corte del emir de Sevilla al-Mútamid, aquel paraíso terrestre en donde “los poetas se balanceaban entre los reyes como los céfiros en los jardines”. Todo tan distinto de ahora, excepto quizá en los políticos. Abú Saíd, alfaquí cordobés de la época, los maldecía: “¡Raza de víboras! ¿Hasta cuándo van a chupar vuestra sangre, hijos de Al-Ándalus? Todo el que gobierna es peor que un salteador de caminos. Alá les ha dado el poder para vuestro bien y os sorben el tuétano. No se les ve en las mezquitas, pero podéis siempre verlos borrachos”.

Lector, no sé quién era este Abú Saíd; hay muchos con ese nombre en la historia. Hay uno en Granada, el sabio predicador Abu Said Faray b. Qasim, pero es del siglo XIV, según cuenta el viajero tangerino Ibn Battuta. A lo mejor se lo inventó todo don Claudio, en su novela. En ella se recoge también una de las citas más conocidas, la del califa Abd al-Rahman al-Nasir, que al morir dejó un billete que decía: “He vivido setenta años, he reinado cincuenta… he sido feliz catorce días”. Si alguien no conoce esta sentencia, me encantará que lo haga ahora por mí. O lo que le dijo Rumaykiya a su marido al-Mútamid, ya de mayores: “Te amo aún más que en nuestra juventud”. ¡Qué cosas, Dios mío, qué ternezas! ¿Se lo oiría esto don Claudio o se lo inventó también?

Ya dije que Zaida no era hija de al-Mútamid, sino su nuera; se había casado con el hijo de este, Abu Nasr Al Fath Al’Ma’mun, emir de Córdoba. La habían prometido, cuando tenía doce años, al rey Alfonso VI, pero a quien fuera se le olvidó este detalle. Zaida era inteligente, había gozado de una educación exquisita y pertenecía al grupo de los poderosos en la sociedad andalusí. Y era de una belleza extrema, que a lo mejor es lo más importante en el fondo; esto no lo afirmo. Yo sé, lector, que tú la has visto ya, pero te muestro una imagen suya, para ver si la reconoces. Una monada, ¿no?

En una de las invasiones de los almorávides, estos atacaron a sus hermanos de religión y tomaron Córdoba. Cortaron la cabeza al marido de Zaida, la pusieron en una pica y la pasearon por las calles de la ciudad. El pobre rey había dispuesto antes la huida de Zaida con otros cortesanos al muy fortificado castillo de Almodóvar del Río y pedido ayuda a Alfonso VI. Este envió tropas, al mando de Álvar Fáñez, que fueron vencidas. Zaida siguió al ejército cristiano en la retirada y fue llevada a la corte de Toledo. No tenía ya doce años; tenía veintiocho, que tampoco es mala edad.

Zaida estaba viuda —era hacia el año 1091— y el rey castellano estaba casado con Constanza de Borgoña, tratando de tener un hijo varón que le sucediera. La reina murió en 1093 y el rey se casó entonces con Berta, que no le dio descendencia y murió en 1099. ¿Se veía secretamente el rey con la bella mora en el castillo de La Adrada? Si no se veían allí, se veían en otra parte, porque tuvieron tres hijos y para eso hay que verse o, al menos, estar juntos. El primero fue el ansiado varón, Sancho Alfónsez, que murió en la batalla de Uclés, sin cumplir los quince años. Zaida había muerto en 1101, en su tercer parto —los dos últimos después de haber muerto la reina Berta—. ¿Se casó con el rey Alfonso? No está claro, pero seguramente sí. Se convirtió al cristianismo y tomó el nombre de Isabel. Está enterrada en el monasterio de benedictinas de Sahagún, junto con el rey y sus otras esposas.

La historia de Zaida y Alfonso no se parece demasiado a la del joven Carlomagno y Galiana. Sin embargo, como ya apunté, algunos críticos pensaron que pudiera haber influido en el autor del poema del siglo XII, Mainet. Sobre nuestra Zaida también hubo un poema en la época, que cantó sus amores con Alfonso VI. Está hoy perdido, aunque quizá queden vestigios. Voy a buscar y si hay algo lo cuento.