22 de junio de 2014

Sobre google, googol y el conocimiento


Hablé brevemente en mi anterior entrada de Wikipedia. Ahora diré algo sobre un complemento indispensable para la búsqueda de información en Internet, sobre Google. Los fundadores de Wikipedia eran treintañeros; los de Google, Larry Page y Sergei Brin, no eran tan extremadamente viejos: nacieron los dos en 1973 y tenían veintitrés años cuando la crearon, en marzo de 1996. Brin había nacido en Rusia y llegó a USA cuando tenía seis años. Los dos eran estudiantes de doctorado en la Stanford University, una universidad privada, cuyo porcentaje de admisión es del 6.6 %; sólo uno de cada quince solicitantes ingresa. Está situada en la bahía de San Francisco, a unos cincuenta kilómetros de esa ciudad y muy cerca del Silicon Valley, uno de los corazones tecnológicos del mundo.

Analizar la mecánica, el funcionamiento de Google es mucho más complejo que hacerlo con Wikipedia. Larry Page estaba interesado en ver qué páginas web tenían vínculos a otra página determinada, conducían o llevaban a esa página, mediante backlinks o inbound links. Le importaba no sólo el número de enlaces, sino también su naturaleza o calidad. Desde el nacimiento de Internet, surgió también lo que se llama Search engine optimization (SEO), la estrategia para lograr la mayor visibilidad posible de las páginas pertinentes, para facilitar su localización por un sistema de rastreo, por un motor de búsqueda. Google ha sido capaz de desarrollar el algoritmo más eficaz para la visualización de las webs con contenidos de interés. Su objetivo está resumido en su lema: Organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil. El asunto es complejo y sugiero al lector que lo vaya desbrozando él mismo en la red.

El nombre de ‘google’ viene de un error en el deletreo de la palabra gougol. ¿Y qué es un gougol? Lector, te lo contaré con un párrafo de un relato mío de hace ya años, El secuestro del sabio: Un matemático americano de los años treinta del siglo pasado, Edward Kasner, estaba trabajando con números enormes y pensó que sería conveniente tener un nombre para la unidad seguida de cien ceros, una cifra difícil de concebir, en todo caso. Se le ocurrió preguntarle a su sobrino, Milton Sirotta, que entonces tenía nueve años, por un nombre y el chico inventó la palabra googol, que ahora es aceptada por todos los matemáticos. Los científicos también tienen su humor.

Resulta que hay un personaje de tiras cómicas, creado en 1919, llamado Barney Google. Y un payaso de nombre Google en una obra de Enid Blyton, de 1942, Circus day again. Como tantas veces: Nihil novum sub sole. La palabra ‘google’ ha sido ya admitida como verbo en el Merriam Webster Collegiate Dictionary y el Oxford English Dictionary  en el 2006, en el sentido de “usar el motor de búsqueda Google para obtener información en Internet”. En España oigo cada vez más lo de ‘guglear’.

Sergei Brin escribió algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: “knowledge is always good, and certainly always better than ignorance” (el conocimiento siempre es bueno, y ciertamente siempre mejor que la ignorancia). Sucede que el mundo, o alguna parte del mismo, puede estar a veces en manos de ignorantes. Triste, ¿verdad?