9 de junio de 2014

Algunas músicas alemanas


En mi entrada anterior, hablé de un cantante, Semino Rossi, e insinué algo sobre los gustos musicales de los alemanes. Por lo que he podido apreciar, tienen éxito en ese país las canciones suaves, a veces melancólicas o tristes. Yo creo que el pueblo alemán, con las salvedades inherentes a toda generalización, es serio, honesto y romántico. Como una de mis metas es divulgar realidades que he tenido la fortuna de conocer, querría hoy escribir un poco sobre canciones típicas o populares alemanas, para que mis lectores puedan escucharlas; quizá para algunos sean nuevas. De la Alemania del Norte, para ser más precisos, de la Alemania marinera, volcada al mar desde siglos.

Una de ellas es Wo die Nordseewellen. Daré el vínculo para Youtube y traduciré, abreviando, unas palabras del inicio: http://youtu.be/OmhDmsu8-dQ: Donde las olas del mar del Norte bañan la playa, / donde las flores amarillas florecen en la verde tierra, /donde las gaviotas chillan en la tormenta. / Ese es mi hogar (Heimat es la palabra utilizada), allí me siento en mi casa.

Otra canción es la de Seemann, deine Heimat ist das Meer (Marinero, tu hogar es el mar) y fue compuesta por Werner Scharfenberger —¿cómo se pueden saber estas cosas?—. El vínculo es http://youtu.be/B-SVP6i9tbk. Traduzco el principio: Marinero, deja tus sueños, / no pienses en tu casa. / Marinero, el viento y las olas / te llaman para sí. / Tu hogar es el mar, / tus amigas son las estrellas. / Tu amor es tu barco, / tu nostalgia es la distancia. / Sólo a ellos has de ser fiel / tu vida entera.

Abba Heidschi Bumbaidschi (el título lo he visto escrito de diversas maneras) es una muy vieja canción austro-alemana, que quizá se remonta hasta el siglo XV. Es un texto muy triste, que habla de una madre que muere y deja solo a su hijo. Fue desde el principio una canción de cuna, pero se ha ido convirtiendo en una tema navideño, aunque las palabras no han cambiado. El título es intraducible y el vínculo, para la versión de Marianne y Michael, con un coro de niños, es http://youtu.be/e964xSw2Yz4. La ha cantado también Plácido Domingo y se puede encontrar en Youtube. Otra vez ofrezco en español las palabras iniciales, muy sencillas: Abba Heidschi Bumbaidschi, duerme tranquilo, / tu madre se ha ido / y estará fuera / por mucho tiempo.

Para terminar algo más alegremente, incluyo también otra versión, una de las infinitas, de La Paloma. La canta una bella Katica Illenyi, cantante húngara, nacida en 1968, que toca también el violín y pertenece a una familia de músicos, que actúan juntos muchas veces. El vínculo es http://youtu.be/O89DV9LE1vY.

Una reflexión más seria. El hogar se tiene en muchos sitios y puede estar por lo tanto en el mar. Heimat, la palabra alemana en estas canciones, designa algo más profundo que el hogar; es como terruño, tierra chica, patria, en un sentido entrañable. El mundo está lleno de patrias así, íntimas, acogedoras, de espacios pequeños y concretos, anclados en un tiempo pretérito que es muchas veces el de la infancia. Hay tanta belleza en el mundo que a todos nos toca algo. Cuando estoy en Alemania, casi en la frontera con Dinamarca, y hay un viento frío, quizá en pleno verano, mis amigos se alegran y me dicen: ¡frische Luft, schöne Luft, eh!  (aire fresco, aire hermoso). Para ellos es  así. A mí ha llegado también a gustarme. Además, ¿me voy a poner a discutir de vientos?

Por muchas razones, los cantos excesivos a las patrias son injustificados y vacuos. Los nacionalismos exacerbados son siempre perversos. Cuando me topo con uno de estos nacionalistas a ultranza, me dan gana de echarme a reír. Luego me dan ganas de echarme a llorar. Al final, me dan ganas de echar a correr. No porque sean peligrosos, aunque puedan llegar a serlo —lo han sido, infinitamente, a lo largo de la historia—, sino porque les temo. Les temo porque me aburren. Aburren a las ovejas.