13 de junio de 2014

Del olvido, del azar, de la historia


He hablado de Sebastián Iradier, aunque sería incapaz de valorar su importancia como músico. Lo que me apena es que no pudiera gozar de ese último gran éxito, el de La Paloma —por lo que veo en Youtube, casi no hay cantante que no la haya interpretado alguna vez—. Lo de las famas póstumas y la inmortalidad que acarrean no deja de ser un don discutible. Woody Allen decía: Lo de ser inmortal por mi obra no está mal, pero yo preferiría, simplemente, no morirme.

La vida de Iradier no fue, de ninguna manera, la de un fracasado; sólo al final la fortuna le dio traidoramente la espalda. Se codeó con la alta aristocracia madrileña, fue amigo de escritores y artistas en la Corte y tuvo como alumna, entre otras, a Eugenia de Montijo, que sería luego Emperatriz de los franceses. En alguna época también logró introducirse en el mundillo artístico parisino. Parece que fue simpático y gastador, elegante hasta un cierto dandismo, donjuán y mujeriego. Pasión o virtud esta última, que me cuesta mucho condenar, sobre todo en los hombres.

Leo ahora un libro de un escritor italiano del siglo XIX, Petruccelli della Gattina, médico, escritor, periodista y político, bastante influyente en su tiempo, y del que hoy sólo quedan, como recuerdo, una calle, un busto y una lápida en su pueblo natal, en Moliterno, en la Basilicata. En esto se parece un tanto a Iradier. Lo cito también porque se empeña en afirmar, sin pruebas, que Pilato era de Híspalis —otros han postulado que era de Astorga—. Aclaro que no es este el español que aparece en la Biblia y del que dije, y lo haré, que me ocuparía. Este último era cordobés y no hay dudas al respecto. También cita Petruccelli algo que, por puro azar, remite a un suceso reciente en Madrid, donde un joven ha arrancado a mordiscos casi toda una oreja a otro, en una reyerta.

Petruccelli lo cuenta de Antígono Matatías. Voy al historiador Flavio Josefo y compruebo efectivamente el hecho. En el año 40 a. C., este Antígono fue nombrado rey de Palestina y arrancó las orejas a un tal Hircano. Lo leo en inglés: Antigonus himself also bit off Hyrcanus's ears with his own teeth, […] so that he might never be able to take the high priesthood again, for the high priests that officiated were to be complete, and without blemish (traduzco y abrevio: el propio Antígono arrancó con sus dientes las orejas a Hyrcanus […] para que nunca pudiera ser Sumo Sacerdote, porque estos habían de ser completos y sin defecto físico). Ya se ve: Nihil novum sub sole.

Doy un vínculo más de La Paloma. Es de André Rieu en Méjico, con el público, conmovido, entregado y feliz, cantándola. http://youtu.be/hD-as4l2f2Q. ¿Podrá ver todo esto Iradier? Ojalá. Sería justo, sería bonito.