10 de junio de 2014

De lenguas y de playas

Ya dije que no faltan temas para quien quiera escribir un blog; al contrario, se acumulan sin tregua. Y eso que los reduzco muchísimo. Hoy quiero atar cabos sueltos, insistir sobre cosas de mi entrada de ayer, que era para ser leída… y oída.

        La canción Wo die Nordseewellen, está cantada en plattdeutsch, en bajo alemán, que se habla todavía en áreas rurales del norte de Alemania. ¿Es muy diferente del alto alemán? Si se ve escrito, no demasiado, pero hablado, complica mucho el asunto. Voy a Wikipedia y tomo un párrafo, que mutilo: “En el término bajo alemán están los grupos bajo fráncico (en el oeste) y bajo sajón (en el este). El grupo bajo fráncico comprende el holandés, flamenco occidental, brabantés/flamenco oriental, kleverlandés, groningués, zelandés, limburgués, afrikáans… El Plattdeutsch comprende aquellos dialectos bajo sajones y bajo fráncicos que son usados dentro de Alemania…”.

        ¿Puede alguien corriente tener siquiera una idea del tema? Wikipedia sirve para que los atrevidos, que creen que el mundo es sencillo y bastan cuatro ideas para entenderlo, quizá se paren un poco y mediten. ¿Y se puede esgrimir, para justificar cualquier disgregación, el argumento de las lenguas? Podríamos no acabar nunca.

        En ese vídeo aparecen algunas mujeres claramente felinas. No lo busqué, pero no fue desagradable. Prefiero, sin embargo, a Katica Illenyi, la cantante húngara de La paloma (adjunto una foto suya para que todo sea más evidente). En el vídeo lleva un trajecito corriente, no de modisto famoso. No es de esa seda de Tiro a la que un poeta latino, Petronio, llamaba “viento tejido”, o de aquella gasa india transparente, que hace más provocadora la desnudez. Katica canta y ríe como tienen que hacerlo los ángeles.

Una antigua foto mía para mostrar una bella playa alemana, de arena fina y blanca. No sé la fecha, pero es verano, no invierno. El aire fresco y limpio puede ser vigorizante y agradable, pero en estas playas, para mí, es imposible bañarse y uno ha de refugiarse en las Strandkörbe, esas cestas enormes. Algunos alemanes me confiesan, de la manera más sincera y amistosa, que no podrían vivir en un país con un clima como el nuestro. Suelen pasar sus vacaciones más al Norte, en Noruega, hacia el Círculo Polar Ártico, etc. En cambio, otros compran sus casas en Mallorca o Levante y adoran al Sol. El mundo es diverso y cada uno ama lo que quiere y lo que puede.