7 de octubre de 2014

A little bit of English (un poquito de inglés)


        Hablé hace poco del Manfred de Lord Byron y lo califiqué como lo que en inglés se llama closet drama. Son obras teatrales no destinadas a la representación, sino a la lectura, bien por un lector individual o en voz alta para un grupo reducido de personas. En ellas no hay mucha acción y predominan los diálogos y el pensamiento. Puede intentarse su montaje teatral, siempre con importantes dificultades adicionales, porque no están construidas para eso. Quizá sorprenda saber que las dos partes del Fausto de Goethe fueron diseñadas como closet dramas.
 
        Una obra teatral normal también puede reducirse a la lectura de la misma por varios intérpretes ante un auditorio. Es lo que se llama teatro leído y era algo corriente en mis tiempos de estudiante por su facilidad de ejecución. Es lo que se hace también cuando un autor presenta una nueva obra ante un grupo de actores. También hay closet screenplays en el caso de los guiones cinematográficos. La expresión to come out of the closet, implicando el descubrimiento final de algo mantenido en secreto, es propia del idioma inglés y nuestro “salir del armario”, tan popular ahora, sería un anglicismo.
 
        Esto me lleva a tratar de algunas expresiones inglesas, encontradas a menudo en textos españoles. Nunca oculté, lo he dicho otras veces, mis afanes didácticos en este blog. Self-fulfilling prophecy se refiere a una previsión de futuro hecha de tal manera que puede contribuir a su ocurrir efectivo. Por ejemplo, si unos soldados se dirigen hacia el enemigo, diciéndose unos a otros “ya veréis, nos las van a dar todas en el mismo lado”, pues puede que acabe así la cosa. Serían lo opuesto a aquellos “gritadores de insultos, que combaten con la palabra”, que había en el campo de batalla de Kurukshetra y que se describen en Mahabharata. Según las elegantes reglas de las guerras de entonces, no se les podía golpear, porque luchaban sin armas.
 
        Otra expresión típica inglesa es la de to be right for the wrong reason (acertar por una razón falsa). Contaré una vieja historia persa para ilustrarla. En un manicomio quieren dar de alta a tres pacientes y exploran su capacidad intelectual. Al primero le preguntan cuántas son dos por dos y responde ‘setenta y dos’. Al segundo le preguntan lo mismo y responde ‘martes’. El tercero responde ‘cuatro’. Van a dar de alta al último, pero el director quiere saber algo más. ¿Cómo encontraste la respuesta? Muy fácil. He restado martes de setenta y dos. Se quedó en el centro, por charlatán.
 
        Otra expresión usada frecuentemente en español: wishful thinking. Ya dije que se trataba de una forma de la catatimia, por la que pensamos de acuerdo con nuestros deseos y creemos lo que querríamos que fuera verdad. Es un fenómeno corriente, un alteración del correcto razonar, que puede llevarnos al engaño y al desastre. A tener en cuenta, por las personas y por los pueblos.

        A mi juicio, la expresión más tonta que cabe encontrar en cualquier idioma es la de “matar el tiempo”. Viviendo una vida tan corta, resulta increíble que nos dediquemos a perder el tiempo. Ya entiendo que muchas veces es sólo una distracción muy pasajera. Pero también hay gente que malgasta demasiado el tiempo, que lo mata muy repetida y continuadamente. Me sorprende que la expresión exista en todos los idiomas a los que me asomo. En inglés se dice “to kill time”; en francés “tuer le temps”; en italiano “ammazzare il tempo”. Sí, también los alemanes matan el tiempo, aunque lo hacen al revés: “die Zeit totschlagen”.
 
        Horrible, ¿verdad? Todos lo hacemos, yo también, claro. Pero es una expresión, una actitud estúpida. Otra expresión muy triste en cualquier idioma es la de “demasiado tarde”, cuando pasó el tiempo sin remedio, cuando algo se convirtió en imposible, cuando se nos quebró en mil pedazos un sueño. Para siempre, sin otra oportunidad. La Muerte nos asusta por eso.
 
        Es un sentimiento que durante una buena parte de la vida no debe existir, y que nos va cercando con los años. Lector, si eres joven, olvida esta última reflexión. Para ti todo es posible. Si de verdad quieres, puedes lograr todo lo que te propongas.