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21 de diciembre de 2014

Pequeñas frases felices


Palabras clave (key words): belleza, amor, fugacidad, frases felices anónimas

Siempre he pensado que el ser humano fue creado para la belleza, que no puede luchar frente a la atracción que cualquier cosa bella ejerce sobre nosotros. A esa sujeción, a esa tiranía, corresponde un anhelo, una necesidad de crearla, de producirla, cuando nos es posible. En cuanto el hombre pudo elaborar alguna herramienta, con el fin de utilizarla, de que le fuera útil, enseguida sintió la necesidad de que también fuera bella, de tratar de adornarla de alguna manera.

Esa devoción fatal en la que creo, hace que no me resigne a establecer una tajante división entre unos pocos seres humanos que serían los encargados de crear belleza y el resto de los mortales. Naturalmente, no todos estamos dotados para las mismas cosas y es inevitable que haya personas que destaquen en la producción de diferentes tipos de belleza. Para mí sería absolutamente imposible dibujar un perro, porque no recuerdo muy bien si estos animales tienen dos o tres orejas —aquí tal vez estoy exagerando un poco—, pero a lo mejor sí puedo inventar una metáfora. Y ya sé que habrá mucha gente que las inventará mejores y en mayor cantidad, porque se dedican a eso, porque tienen más oficio. Pero, aun así, quiero que me dejen proponer la mía.

Cuento todo esto, porque, como es lógico, hay frases o ideas que son felices, hasta felicísimas, creadas espontáneamente por gentes que no son artistas profesionales, sino sencillos ciudadanos. En contados casos, alguno de esos logros debería garantizar en justicia un cierto e inequívoco reconocimiento para su descubridor.

Mostraré una de estas ideas brillantes. Sabemos bien que el amor puede ser tiránico, quemante, llevarnos a la catástrofe más absoluta. Un personaje de Isabel Allende se queja frente a la causante de un amor así: “Me has perseguido sin tregua. No he podido amar a nadie en toda mi vida, sólo a ti”. Y esto no ocurre sólo en la literatura; en la vida real se dan casos de este tipo de fatalidad, de condena: gente esclavizada que no puede dejar de amar, y de sufrir, si no son correspondidos. La magia del amor hace que, incluso intuyendo perfectamente su posible brevedad, a veces estemos dispuestos a gozar de ese paraíso fugaz. Por ello, me parece juiciosa, oportuna y tierna la petición que hace una de esas almas entregadas sin remisión: “Si vas a jugar conmigo, procura que yo también me divierta”. Es el humilde ruego de quien no tiene otra opción, sabe que está condenado a sufrir después, y busca y acepta la felicidad por algún tiempo.

Un personaje de una novela mía, Marta, una jueza ya con algunos años e inmaculada, es víctima de una pasión intratable hacia su primo Roberto y se hace este planteamiento, de manera lúcida y fría, con el lenguaje de carretero que sabe adoptar a veces: “Tiene que ser él quien me ‘aplane’ a mí por primera vez. Me gustaría, para qué lo voy a negar, que me ocurriera eso con él, no con otro. Aunque luego se le pasara la ilusión y tuviera yo que quedar en manos de cualquier subalterno. Lo bailado, bailado. Pero con estas ideas, que no acabo de concretarlas en hechos, y con mi primo, que cada vez está más atontado y no se da cuenta de nada, los años pasan y como me descuide no voy a encontrar a nadie que esté por la labor. Aunque, gracias a Dios, todavía falta para eso y yo me encuentro de buen ver y noto que a algunos hombres los provoco, sin duda. Excepto al imbécil de mi primo, claro. Con lo que estamos donde siempre; es que este asunto no es nada fácil. Y con la solución tan sencilla que tienen estos problemas, si se miran de una cierta manera y se manejan con sensatez”.

Me voy de Madrid unos días. A mi vuelta mencionaré otra frase curiosa. Y tendré que hablar de una escritora inglesa, nacida en 1857, Agnes Mary Frances Robinson.

30 de noviembre de 2013

Más artistas no profesionales


Ya escribí una entrada con el título Artistas no profesionales. Era un poco el corolario de otra anterior, una crítica a un discurso reciente de Muñoz Molina, en la que exponía mi idea de que mucha gente puede tener notables habilidades artísticas sin ser profesionales en sentido estricto.

Esta nota de ahora reafirma esta concepción mía. Recientemente, he tenido que ponerme en manos de amables compañeros traumatólogos —averías de chapa; son mis dolencias 'reales'— y traté de contarlo a mis amigos de forma un poco humorística. Todos entendieron muy bien la broma y supieron continuarla en sus respuestas, algunos con muy buen estilo y bastante gracia e ingenio. Uno de ellos, que daba una conferencia sobre el Valor terapéutico del humor, me pidió enseguida permiso para utilizar algo de mi relato en la misma. Ninguno de ellos es profesional de la pluma.

Incidiendo en todo esto, querría incluir ahora un vínculo para un video hecho por el hijo de unos amigos míos. Me sería imposible juzgar sobre la calidad musical del mismo, porque no soy experto y además no podría ser imparcial. El autor, uno de los niños a los que veía tantas veces jugar incansables en mi urbanización de la sierra, resulta que ahora hace estas cosas y es capaz, incomprensiblemente para mí, de manejarse ya solo por el mundo, sin haber siquiera cumplido los cuarenta años. Increíble, ¿verdad?

El hijo de mis amigos compone muy diversas músicas, toca el piano, atreviéndose con grandes conciertos clásicos, hace arreglos para dicho instrumento y su profesión es la de Finance Manager. El vínculo que muestro más abajo es el de un himno a la Gloria del Real Madrid —el mejor club del mundo, según se explica y demuestra—, obra suya, con letra de un economista, ingeniero y matemático, ya jubilado. Está debidamente inscrito en el Registro General de la Propiedad Intelectual.

En fin, lo que trato de sostener: mucha gente hace cosas con gracia y de mérito, sin ser profesionales en la materia. El vínculo es: http://youtu.be/mS6EwHIiDoE. Los no forofos del Real Madrid, que pudieran sufrir o padecer con la audición, verán allí otras composiciones del autor, algunas de tema religioso, y a él mismo interpretando  un concierto de Bach y otras obras. Mi joven amigo vive ahora en los Estados Unidos.

13 de noviembre de 2013

Artistas no profesionales


En una entrada de este blog, en la que opinaba sobre un reciente discurso de Antonio Muñoz Molina, postulaba yo que algunas personas, sin tener una formación específica y reglada en literatura, sin haber hecho de ella su oficio, podían tener facilidad para escribir bien. Por una aptitud natural, por un aprendizaje insensible e intuitivo. Se habla a veces de la Universidad de la calle, para designar esos conocimientos que se adquieren en el normal vivir de las gentes, sin necesidad de asistir a ninguna Facultad. Esto se podría aplicar perfectamente en estos casos, sustituyendo quizá calle por lectura, por la lectura de los buenos autores.

Sigo dándole vueltas a esa idea, que ya avisé que no me gusta dejar cabos sueltos y puedo ser detallista en ocasiones: hay gente con ciertas gracias y talentos innatos. Ocurre además que las modernas posibilidades tecnológicas hacen relativamente fácil el desarrollo y manifestación de esas habilidades: en las letras, en la pintura, en la música, en todo. Aquello que dijo Andy Warhol de que en el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos tal vez se ha cumplido ya, ya estamos en ese futuro. Pero no sólo por estas facilidades que nos ofrece la técnica, sino, y este es el núcleo de mi mensaje, porque realmente hay mucha gente que está bien dotada para muchas tareas.

Pensar que sólo aquellos de renombre en los diversos quehaceres, por haberse dedicado especialmente a ellos, son los únicos capaces de crear, me parece pretencioso. En Internet, leo un comentario al discurso citado: “Para quienes escribimos, la parte más hermosa de este discurso es en la que habla de nuestro oficio”. Es una opinión, hasta inocente y tierna, de autoafirmación ilusionada, de los que han escogido la literatura como dedicación privilegiada, siendo fieles a una vocación difícil y no sin riesgos. Pero que no puede excluir la realidad de que otras personas, que no son del oficio, puedan escribir cosas muy atinadas y valiosas. Tras todo esto está la vieja cuestión de si el artista nace o se hace, que siempre me pareció un falso dilema.

Un viejo amigo me manda el vínculo para un vídeo de charlestón de una sobrina nieta, traductora en la Unión Europea, poseedora de varios idiomas, entre ellos el chino. Aparte de las virguerías tecnológicas —es un montaje hecho con ella desde Gante y el músico desde Bruselas—, yo creo que los dos lo hacen muy bien. Cosas así estoy viendo constantemente en las más variadas artes o actividades, realizadas por gente que no son artistas profesionales, pero que muchas veces hacen lo que sea muy bien; tan bien como otras gentes dedicadas a esos menesteres. El vínculo para ver el charlestón es http://youtu.be/bvG3StkXs54.

No es un canto al adanismo cultural, es una simple constatación de la realidad, que no debiera suscitar celos o recelos en nadie. Pasa con todo y es hasta explicable. No siempre es posible garantizar que los escogidos en cualquier arte o actividad sean exactamente los mejores. Pensar que Miss España, por poner un ejemplo, sea la joven más guapa del país en un determinado año, no deja de ser francamente arriesgado. Pensar que será una mujer bien linda y llena de atractivos está absolutamente garantizado.