26 de junio de 2014

La astucia de Zadig, primer visir de Babilonia


Prometí hablar de Zadig, cuando me referí al español mencionado en la Biblia, pero ayer me extravié en el pasado y narré recuerdos de juventud y de mi amada Bolonia. Contaré ahora la hazaña en que Zadig muestra una vez más su clara inteligencia y también su buen sentido: eso que, debiendo ser la destilación normal de un cerebro sano, se encuentra más raramente de lo esperable. Te mostraré lector la prosa sencilla y límpida de Voltaire, que es como un arroyo amable y risueño en la montaña, frente a tanta farragosa literatura de ciénaga.

Empezaré por lo apócrifo, la dedicatoria de Sadi a la sultana Sheraa. Se dice allí: Je vous offre la traduction d'un livre d'un ancien sage qui, ayant le bonheur de n'avoir rien à faire, eut celui de s'amuser à écrire l'histoire de Zadig, ouvrage qui dit plus qu'il ne semble dire. Os ofrezco la traducción del libro de un sabio antiguo que, gozando de la felicidad de no tener nada que hacer, quiso divertirse escribiendo la historia de Zadig, obra que dice más de lo que parece decir.

En ese libro se cuenta que el rey de Babilonia nombró primer visir a Zadig y cómo este ejercía su cargo: Zadig montrait tous les jours la subtilité de son génie et la bonté de son âme; on l'admirait, et cependant on l'aimait.  Il passait pour le plus fortuné de tous les hommes, tout l'empire était rempli de son nom; toutes les femmes le lorgnaient; tous les citoyens célébraient sa justice; les savants le regardaient comme leur oracle; les prêtres même avouaient qu'il en savait plus que le vieux archimage Yébor. Zadig mostraba todos los días la sutileza de su ingenio y la bondad de su alma; se le admiraba y, sin embargo, se le amaba. Pasaba por ser el más afortunado de los hombres, todo el imperio estaba lleno con su nombre; todas las mujeres posaban sus ojos en él; todos los ciudadanos alababan su justicia; los sabios lo miraban como a un oráculo; incluso los magos admitían que sabía más que el viejo archimago Yébor.

Y ahora viene la hazaña que quería mostrar : Il y avait une grande querelle dans Babylone qui durait depuis quinze cents années, et qui partageait l'empire en deux sectes opiniâtres: l'une prétendait qu'il ne fallait jamais entrer dans le temple de Mithra que du pied gauche; l'autre avait cette coutume en abomination, et n'entrait jamais que du pied droit. On attendait le jour de la fête solennelle du feu sacré pour savoir quelle secte serait favorisée par Zadig.  L'univers avait les yeux sur ses deux pieds, et toute la ville était en agitation et en suspens.  Zadig entra dans le temple en sautant à pieds joints. […] Tout le monde fut pour lui, non pas parce qu'il était dans le bon chemin, non pas parce qu'il était raisonnable, non pas parce qu'il était aimable, mais parce qu'il était premier vizir. En Babilonia había una querella que duraba mil quinientos años y dividía el reino en dos facciones tercas: una afirmaba que siempre se debía entrar en el templo de Mitra con el pie izquierdo; la otra abominaba de esta costumbre y entraba siempre con el derecho. Se esperaba el día de la solemne fiesta del fuego sagrado, para ver a qué facción favorecía Zadig. El Universo tenía los ojos puestos en sus pies, y la ciudad entera estaba agitada y en suspense. Zadig entró en el templo saltando con los pies juntos. […] Todo el mundo estuvo a su favor, no porque mostrara el buen camino, no porque fuera razonable, no porque fuera amable, sino porque era el primer visir.

Lector, he querido ofrecerte una muestra del estilo de Voltaire. Es tan sencillo, en su forma y en su contenido, que algunos han tachado al escritor de frívolo y superficial, de anecdotista. No te dejes engañar. Como figura en la dedicatoria de Zadig, la obra dice más de lo que parece. Los anacronismos son intencionados, el humor está siempre presente. El autor se refiere a veces a pueblos temibles y desgraciados, dotados para la elucubración y mistificación religiosas. Voltaire vivió un tiempo en el que algunos creyeron posible la definitiva erradicación de la superstición y la ignorancia. A mi juicio, en literatura lo fácil es la escritura alambicada y vacua; lo difícil, la ajustada y clara, sólo con la distorsión indispensable para acoger la belleza.

25 de junio de 2014

De obispos, cardenales y milagros


Amigo lector, prometí contarte una nueva hazaña del inteligentísimo Zadig, un personaje de un relato de Voltaire, y me propongo hacerlo. Déjame antes hacer una pequeña precisión. Cuando empecé este blog, ni sabía si me leería alguien. Aun así, adopté un tono coloquial, dirigiéndome a un posible lector, porque siempre escribo pensando en alguien. Ahora, si las estadísticas del blogger son fiables, tengo miles de visitantes. Sin embargo, me sigo dirigiendo al lector (o lectora, claro) en singular, porque quiero que mi charla sea íntima y privada, como murmurada por lo bajo a cada uno de los que me leen. Cuando se habla alto, parece que uno se dirige a los oídos; en cambio, hablando suave le habla uno al corazón.

Lector, esa frase inmortal la pronunció un Obispo de Jaén, en Úbeda, cuando recibí la confirmación. Yo tenía unos once años y nunca había visto hasta entonces a un obispo. Previamente, se nos había ponderado infinitamente su sabiduría, su dignidad inimaginable y, al mismo tiempo, su amabilidad, su inagotable bondad. Cuando el señor obispo dijo eso de hablarle al corazón, yo quedé maravillado y aturdido. ¡Qué mundo este en el que empezaba a vivir, en el que se decían cosas como esa! Bueno, pues me quedé con la frasecilla y guardo un cariñoso recuerdo de aquel obispo y de aquel acto, ¿por qué no? Ocurrió, como casi todo ya, hace demasiado tiempo.

Años más tarde, en circunstancias muy diversas, tuve la ocasión de saludar reverentemente a un cardenal italiano en Bolonia. No es lo mismo un cardenal italiano, en Italia, que uno español. En aquel país, en el que la Iglesia ha sido más poderosa que en ningún otro, se da en sus gentes un singular respeto hacia estos príncipes purpurados. Yo era colegial en el Real Colegio de San Clemente, fundado por el cardenal español Gil Álvarez de Albornoz (1310-1367) y vivía en un palacio del siglo XIV. Hice allí mi doctorado y forjé quizá un cierto imaginario que me permite ver mejor al joven marqués de Bradomín, cuando era guardia noble y llevó el capelo cardenalicio a Monseñor Gaetani, rector del Colegio Clementino, en la piadosa ciudad de Ligura, según cuenta Valle en su Sonata de primavera. El joven y fogoso marqués —fogoso toda su vida— se enamoró entonces, casi sacrílegamente, de María del Rosario, la hija mayor de la Princesa Gaetani, que iba a entrar en un convento en los días siguientes.

En la Festa della Madonna di San Luca, durante la procesión, el cardenal entra cada año en el Colegio para ser recibido en el recinto. Llega con el esplendor escénico propio de una corte del Renacimiento. A territorio papal, en cierto sentido, porque es el Papa el único que puede cambiar los seculares estatutos colegiales. La Virgen es bajada desde su Santuario, al que se llega a través de un pórtico de 666 arcos —un número no casual, porque el pórtico simboliza la serpiente, el demonio— y casi cuatro kilómetros, del que se dice que es el más largo del mundo. La fiesta fue instituida para conmemorar el milagro de la lluvia, ocurrido el cinco de julio de 1433. Ese día el icono de la Virgen (pintado por el apóstol San Lucas, de ahí el nombre) fue llevado en procesión para pedir el cese de las continuas lluvias que amenazaban con arruinar las cosechas. Nada más llegar a Porta Saragozza, apareció el sol en el cielo y dejó de llover.

El cardenal Albornoz fue dos veces legado pontificio en los tiempos del cisma de Avignon y puso orden en los díscolos territorios sujetos a la Iglesia, levantiscos por la lejanía de los Papas. El agradecimiento de estos fue sincero y sus dádivas enormes. Todo lo dejó en su testamento al Colegio que, desde entonces, subsiste de esa herencia, sin ninguna ayuda de otro tipo. Su historia es interesantísima y la de su fundador también. Algo se puede conocer de ellas, buscando en Internet. Por ser útil, diré que este año el plazo para solicitar las becas termina el uno de septiembre.

Me he entretenido y tendré que hablar del gran Zadig en otro momento. Dejo unas fotos del Colegio, del palacio. En él pasé una época agradable de mi vida.
 


 

24 de junio de 2014

Un campeón español en la antigua Roma


Los españoles que se extasían con las victorias de nuestros campeones mundiales de motos, harían mal en creer que esta supremacía deportiva de compatriotas es algo único y moderno. Jorge Lorenzo, Marc Márquez, Dani Pedrosa son sólo los continuadores de hazañas realizadas por hispanos de otras épocas. En los días de la antigua Roma, en el siglo II concretamente, un hispano fue el triunfador indiscutible, durante muchos años, en las carreras de carros circenses. Me estoy refiriendo, como todo el mundo habrá adivinado, a Cayo Apuleyo Diocles.

Las carreras de carros llegaron a ser muy populares entre los romanos. Había diversas categorías, como ocurre ahora con las de motos, según el número de caballos del tiro; los carros tirados por dos eran llamados bigas, los de tres, trigas, los de cuatro, cuadrigas, etc. En alguna parte veo el resultado de una carrera con siete caballos en línea. Podía llegarse hasta los diez caballos.

Correr una carrera de carros era agitare y los conductores eran llamados agitatores o también aurigas, la palabra griega equivalente. Llegaron a ser personajes famosos, receptores de envidiables ganancias, admirados y venerados por el público. Primitivamente, la palabra auriga designaba a los esclavos de máxima confianza que conducían los carros de los comandantes militares. Luego se aplicó a cualquiera que condujera un carro. En la obra de E. K. Guhl, The life of the Greeks and Romans described from Antique Monuments, leo que los aurigas griegos corrían desnudos, mientras que los romanos lo hacían con una túnica corta ajustada al cuerpo.

Parece que con esta misma palabra se designaba también al esclavo que sostenía la corona de laurel en los famosos ‘triunfos’ romanos y estaba encargado de susurrar de vez en cuando al general victorioso estas sabias palabras: “Recuerda que eres sólo un hombre”. Para represar su posible soberbia, para que no se acostumbrase demasiado al honor y la gloria, caprichosos y fútiles. Inapreciable consejo. Quizá hasta podría haberle dicho: “Recuerda que eres sólo un pobre hombre, un ser condenado a muerte”.

De Diocles han llegado hasta nosotros dos informes epigráficos; dos lápidas, una procedente de la misma Roma y otra de Praeneste (la actual Palestrina). Por ambas sabemos que era español, de la provincia lusitana —natione hispanus lusitanus, dice la  romana—, probablemente de Emérita Augusta, aunque ninguna señala el lugar concreto del nacimiento. Nació el año 104 d. C. y abandonó el deporte hacia el 146, con cuarenta y dos años. Había obtenido 1462 victorias y había llegado a ganar treinta y cinco millones de sestercios. Sus compañeros y admiradores erigieron un monumento en su honor en las cercanías del circo de Calígula (cerca del Vaticano actual), en donde había corrido y vencido tantas veces. En estas carreras había cuatro bandos o factiones, cada una con su color distintivo, que eran verdaderas empresas con enormes capitales invertidos en caballos, carros, sueldos, etc. Eran la blanca, la verde, la azul y la roja. Diocles perteneció, cómo no, a la roja.

Se retiró Diocles a tiempo, según mi parecer, y vivió alejado de la gran Roma, en Praeneste, disfrutando de su inmensa fortuna, de su familia y de sus recuerdos. Allí murió, dejando un hijo y una hija, Cayo Apuleyo Nimfidiano y Nimfidia, que le dedicaron una estatua.

23 de junio de 2014

Un español en la Biblia


Quedé en hablar del español mentado en la Biblia y lo hago. Era de Córdoba, como ya apunté, pero no hay que imaginárselo con el típico sombrero de ala ancha y rígida, zahones, etc.; no era la moda en su tiempo.

Corduba, como era llamada en el siglo I, no era ciudad romana, como Emérita Augusta o Metellinum, sino una ciudad hispana de la Bética, convertida en colonia romana, con una población mixta de españoles y romanos. Allí, una familia indígena romanizada, noble y culta, era la de los Séneca. Y el cordobés de la Biblia era un Séneca, uno de los muchos Sénecas distinguidos.

De los Séneca, el más conocido y famoso fue sin duda el filósofo, Lucio Anneo Séneca (Séneca el Joven, 4 a. C. – 65 d. C.), de quien no diré nada más, para no alargarme. El primer Séneca conocido fue el padre de este, Marco Anneo Séneca, que ha pasado a la historia por merecimientos propios —lo mismo que ocurrió con el padre de Trajano, una generación después—, ya que fue un elocuente orador y gran admirador de Cicerón, al que pudo escuchar en Roma. Este Marco se caso con Helvia y tuvo tres hijos: el mayor, el que nos interesa ahora, Lucio Anneo Novato; el siguiente, el ya mencionado filósofo; y el tercero, M. Anneo Mela, padre del famoso poeta Lucano. Todos nacieron en Corduba y eran cordobeses, aunque pasaron la mayor parte de su vida en Roma, donde alcanzaron altos puestos.

En Corduba vivía entonces un gran literato, Lucius Junius Gallius, íntimo amigo de Séneca padre. Tanto que, amparándose en las vigentes leyes romanas, adoptó al hijo mayor de este, que pasó así a llamarse Lucius Junius Gallius Annaeanus (Gallio), citado en los escritos de su hermano el filósofo, que lo quería mucho. También lo citan Tácito, Statius, y Suetonio, que lo calificó de egregius declamator. Fue senador, procónsul en Achaía (lo que había sido Grecia) hacia los años 51-52 d. C. y finalmente cónsul.

Durante su proconsulado, se encontró con  San Pablo, como se refiere en los Hechos de los Apóstoles, XVIII, 12-16. Pablo había dejado Atenas para venir a Corinto, en donde estuvo año y medio, perseguido por los judíos de la vieja ley, que negaban su doctrina y lo llevaron ante el Tribunal, acusado de honrar a Dios de un modo contrario a la ley. Entonces Gallio, antes de que hablara Pablo, se dirigió a los judíos y les dijo: “Siendo cuestiones de palabras, de nombres y asuntos de vuestra religión, zanjad vosotros el pleito, porque yo no quiero ser juez de estas cosas”. Se los quitó así de encima, actitud prudentísima en materia de religiones y en otros muchos casos. Como hizo también en otro tiempo el inteligentísimo Zadig, un personaje de Voltaire del que ya conté aquí una historia. Esta nueva hazaña la explicaré otro día.

Prudencia que no libró al procónsul del trágico destino de los tres hermanos Séneca y de Lucano, hijo del menor. Todos acabaron suicidándose, respondiendo a perentorias invitaciones para hacerlo. La muerte del filósofo la describió Tácito; la de Gallio la cuenta Suetonio: propia se manu interficit. ¡Por Dios, qué invitaciones! A mí me llegan a veces algunas que no me hacen mucha gracia: bodas, funerales y, sobre todo, presentaciones de libros —han proliferado los escritores y los lectores son ya una especie en peligro de extinción—, pero al menos nadie invita ahora a suicidarse. La gente es que ahora, con la crisis, invita poco, la verdad.

Lo que cuento es mi pequeña contribución a la gloria de Córdoba, en momentos de justa exaltación por haber ascendido su equipo a la Primera División, después de cuarenta y dos años en el inframundo, en la nada.

22 de junio de 2014

Sobre google, googol y el conocimiento


Hablé brevemente en mi anterior entrada de Wikipedia. Ahora diré algo sobre un complemento indispensable para la búsqueda de información en Internet, sobre Google. Los fundadores de Wikipedia eran treintañeros; los de Google, Larry Page y Sergei Brin, no eran tan extremadamente viejos: nacieron los dos en 1973 y tenían veintitrés años cuando la crearon, en marzo de 1996. Brin había nacido en Rusia y llegó a USA cuando tenía seis años. Los dos eran estudiantes de doctorado en la Stanford University, una universidad privada, cuyo porcentaje de admisión es del 6.6 %; sólo uno de cada quince solicitantes ingresa. Está situada en la bahía de San Francisco, a unos cincuenta kilómetros de esa ciudad y muy cerca del Silicon Valley, uno de los corazones tecnológicos del mundo.

Analizar la mecánica, el funcionamiento de Google es mucho más complejo que hacerlo con Wikipedia. Larry Page estaba interesado en ver qué páginas web tenían vínculos a otra página determinada, conducían o llevaban a esa página, mediante backlinks o inbound links. Le importaba no sólo el número de enlaces, sino también su naturaleza o calidad. Desde el nacimiento de Internet, surgió también lo que se llama Search engine optimization (SEO), la estrategia para lograr la mayor visibilidad posible de las páginas pertinentes, para facilitar su localización por un sistema de rastreo, por un motor de búsqueda. Google ha sido capaz de desarrollar el algoritmo más eficaz para la visualización de las webs con contenidos de interés. Su objetivo está resumido en su lema: Organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil. El asunto es complejo y sugiero al lector que lo vaya desbrozando él mismo en la red.

El nombre de ‘google’ viene de un error en el deletreo de la palabra gougol. ¿Y qué es un gougol? Lector, te lo contaré con un párrafo de un relato mío de hace ya años, El secuestro del sabio: Un matemático americano de los años treinta del siglo pasado, Edward Kasner, estaba trabajando con números enormes y pensó que sería conveniente tener un nombre para la unidad seguida de cien ceros, una cifra difícil de concebir, en todo caso. Se le ocurrió preguntarle a su sobrino, Milton Sirotta, que entonces tenía nueve años, por un nombre y el chico inventó la palabra googol, que ahora es aceptada por todos los matemáticos. Los científicos también tienen su humor.

Resulta que hay un personaje de tiras cómicas, creado en 1919, llamado Barney Google. Y un payaso de nombre Google en una obra de Enid Blyton, de 1942, Circus day again. Como tantas veces: Nihil novum sub sole. La palabra ‘google’ ha sido ya admitida como verbo en el Merriam Webster Collegiate Dictionary y el Oxford English Dictionary  en el 2006, en el sentido de “usar el motor de búsqueda Google para obtener información en Internet”. En España oigo cada vez más lo de ‘guglear’.

Sergei Brin escribió algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: “knowledge is always good, and certainly always better than ignorance” (el conocimiento siempre es bueno, y ciertamente siempre mejor que la ignorancia). Sucede que el mundo, o alguna parte del mismo, puede estar a veces en manos de ignorantes. Triste, ¿verdad?

14 de junio de 2014

Un par de precisiones


Estaré fuera algún tiempo y esta entrada es un poco una despedida temporal. No obstante, querría resaltar muy brevemente un par de cosas.

La primera es que, obviamente, escribo este blog sin ningún propósito académico y muy guiado por sentimientos. Me parece completamente injusto que los compositores no gocen de la misma fama o nombradía que los intérpretes de sus canciones. Por eso he dedicado algún tiempo a Sebastián Iradier. Y no hace falta decir que casi todos los autores de música popular, no clásica, están en las mismas condiciones.

La segunda es una, me parece que apasionada, defensa de Wikipedia. Y también de Google, claro. San Google y Santa Wikipedia dicen ya algunos. Respecto a la última, quizá no todos saben que fue creada por Jimmy Wales y Larry Sanger, en el año 2001 (lo leo en la propia Wikipedia, naturalmente). El nombre se debe a este último, que formó una palabra compuesta con los términos ‘wiki’ y ‘pedia’. Wiki es quick (rápido) en hawaiano, y pedia deriva del griego paideia y significa enseñanza, educación, instrucción…

Sólo me referiré a una crítica frecuente a Wikipedia: sus inexactitudes. Existen, sin duda, y también las hay en las otras enciclopedias más formales. Sin embargo, un estudio sobre 42 entradas científicas en Wikipedia y la muy prestigiosa Encyclopaedia  Britannica, realizado por la también muy prestigiosa revista Nature, reveló que el promedio de errores en Wikipedia era de cuatro, frente a los tres de la EB. Se siguió luego una cierta controversia, que no merece la pena comentar.
 
A cambio, cuando quise escribir algo sobre Servio Sulpicio Galba, en Wikipedia encontré tres personajes disntintos con ese nombre y en mi EB sólo uno. Sin contar que, en muy poco tiempo, se está asistiendo a un progresivo rigor en la redacción de Wikipedia y basta ver las referencias de cada entrada para reconocerlo. Sus otras ventajas son tan obvias e importantes, que tampoco es necesario ponerlas de manifiesto.

13 de junio de 2014

Del olvido, del azar, de la historia


He hablado de Sebastián Iradier, aunque sería incapaz de valorar su importancia como músico. Lo que me apena es que no pudiera gozar de ese último gran éxito, el de La Paloma —por lo que veo en Youtube, casi no hay cantante que no la haya interpretado alguna vez—. Lo de las famas póstumas y la inmortalidad que acarrean no deja de ser un don discutible. Woody Allen decía: Lo de ser inmortal por mi obra no está mal, pero yo preferiría, simplemente, no morirme.

La vida de Iradier no fue, de ninguna manera, la de un fracasado; sólo al final la fortuna le dio traidoramente la espalda. Se codeó con la alta aristocracia madrileña, fue amigo de escritores y artistas en la Corte y tuvo como alumna, entre otras, a Eugenia de Montijo, que sería luego Emperatriz de los franceses. En alguna época también logró introducirse en el mundillo artístico parisino. Parece que fue simpático y gastador, elegante hasta un cierto dandismo, donjuán y mujeriego. Pasión o virtud esta última, que me cuesta mucho condenar, sobre todo en los hombres.

Leo ahora un libro de un escritor italiano del siglo XIX, Petruccelli della Gattina, médico, escritor, periodista y político, bastante influyente en su tiempo, y del que hoy sólo quedan, como recuerdo, una calle, un busto y una lápida en su pueblo natal, en Moliterno, en la Basilicata. En esto se parece un tanto a Iradier. Lo cito también porque se empeña en afirmar, sin pruebas, que Pilato era de Híspalis —otros han postulado que era de Astorga—. Aclaro que no es este el español que aparece en la Biblia y del que dije, y lo haré, que me ocuparía. Este último era cordobés y no hay dudas al respecto. También cita Petruccelli algo que, por puro azar, remite a un suceso reciente en Madrid, donde un joven ha arrancado a mordiscos casi toda una oreja a otro, en una reyerta.

Petruccelli lo cuenta de Antígono Matatías. Voy al historiador Flavio Josefo y compruebo efectivamente el hecho. En el año 40 a. C., este Antígono fue nombrado rey de Palestina y arrancó las orejas a un tal Hircano. Lo leo en inglés: Antigonus himself also bit off Hyrcanus's ears with his own teeth, […] so that he might never be able to take the high priesthood again, for the high priests that officiated were to be complete, and without blemish (traduzco y abrevio: el propio Antígono arrancó con sus dientes las orejas a Hyrcanus […] para que nunca pudiera ser Sumo Sacerdote, porque estos habían de ser completos y sin defecto físico). Ya se ve: Nihil novum sub sole.

Doy un vínculo más de La Paloma. Es de André Rieu en Méjico, con el público, conmovido, entregado y feliz, cantándola. http://youtu.be/hD-as4l2f2Q. ¿Podrá ver todo esto Iradier? Ojalá. Sería justo, sería bonito.

12 de junio de 2014

Noche mágica en Hamburgo


Con mi entrada de ayer tuve un problema que conseguí resolver en parte. Decía que el núcleo y la justificación de la misma era una presentación en PowerPoint sobre el puerto de Hamburgo. Sin embargo, al intentar ‘subirla’ al blog, no pude hacerlo, lo que desmantelaba por completo el texto. Finalmente lo logré, aunque sin la música.

Un cocodrilo no es un avestruz. Aplicando tan poderosa lógica, y pensando un poco, me di cuenta de que la presentación no era un vídeo y no podía cargarla como tal. Busqué entonces en Google el modo de hacerlo y me encontré con la ayuda de una presentación didáctica excelente. Como ya dije que uno de los objetivos de mi blog era enseñar lo poco que uno pueda, doy la correspondiente dirección, por si alguno de mis lectores tiene un problema parecido al mío. Ahí va:

https://docs.google.com/presentation/d/17t05qF9BVgSLI9rmhmN3PxApI0C41uazSPQAET7_Bh8/edit#slide=id.p6

Ya estoy haciendo de maestro Ciruela, esta vez sabiéndolo. ¡Quién sabe las veces que lo habré hecho sin darme cuenta! Lo de siempre: mi intención es buena.

Tengo todavía que tratar de cargar la música de la presentación y porfiaré algo más. Sólo un poco, porque lo importante aquí son las diapositivas. De hecho, y para simplificar, inserto ahora unas pocas de ellas, para mostrar el ambiente de este evento de Hamburgo, sobre el que monté alguna elucubración mía en torno a los veranos y felicidades efímeros. Creo que en mi entrada anterior ya se tienen que ver todas, pinchando en el vínculo que inserté.

Incidentalmente, muchos comentarios que he visto en Youtube, sobre el vídeo de la húngara Katica Illenyi cantando La Paloma, subrayan su voz aterciopelada y su belleza. Definitivamente, es un encanto. Al final grita un ¡Olé!, que enardecería a los muertos.
 



 

11 de junio de 2014

Del verano, de la belleza fugaz

Un poco más sobre Alemania. A Semino Rossi lo conocí en la televisión de ese país, en la que aparece con frecuencia. Y más tarde recibí también de allí una presentación en PowerPoint en la que como fondo se oye, cantada por él, La Paloma, la canción que compuso Sebastián Iradier dos años antes de morir, habitando ya un olvido triste y pesante, que sólo enmendaron la Muerte y la fama póstuma. Sin poder disfrutar del inmenso éxito de esa última canción en el mundo entero.

         La presentación, que adjunto en esta entrada —y es el núcleo y la justificación de la misma—, es sobre un happening, que se celebra cada dos años en Hamburgo; este año (2014) será del uno al tres de agosto. Al menos siete grandes líneas de cruceros suelen llegar a la ciudad en estas fiestas. En dicha presentación pude ver su inmenso puerto, por la noche, entre decenas de fuegos artificiales y con sabios juegos de luz, dirigidos por el diseñador de luces (lighting designer) Michael Batz, empleando focos, que barren el área completa del espectáculo. Los edificios y los barcos están envueltos en luz.

         Y vi, sobre todo, desbordantes masas de gentes emocionadas y alegres, dispersas en los embarcaderos del puerto, en terrazas al aire libre, en las cubiertas de los innumerables buques de todos los tipos y tamaños; por todas partes, con sus corazones ardiendo en una tibia noche de verano nórdico, tan efímero. Queriendo aprisionar la fugaz belleza del instante, que inevitablemente no vuelve hasta pasados dos años. Con la necesidad y la urgencia de darse prisa por apurar el buen tiempo, los atardeceres de estío, eternos en esas latitudes. Unidos todos en la inocente observancia del Carpe diem (aprovecha el día) latino; siguiendo sin saberlo ancestrales y felices ritos dionisiacos, que subyacen en todas las culturas. Intentado fijar para siempre el ambiente feérico del momento y poder recordarlo después. Aconteceres así siempre engendran la nostalgia, la fatal sensación de que todo termina demasiado pronto, la constatación de que la felicidad ocupa sólo una parte reducida de nuestras vidas. Leo que eran unas seiscientas mil almas de todo el mundo, asomadas atónitas e incrédulas al río Elba, transformado por arte de magia en un enorme, bello y fugitivo escenario.

Festivales análogos hay en todos los países. Quizá en los del norte de Europa, con veranos limitados que pasan volando, las gentes tienden a aprovecharlos con mayor vehemencia, con ansias más apremiantes. Es hermoso verles tan decididos a no dejar escapar la huidiza felicidad.


         Nota 1: He sido incapaz de cargar la presentación. Trataré de arreglarlo. Si alguien me manda, como comentario, su dirección de correo, estaré encantado de  enviarla.
         Nota 2: Creo que logré subir la presentación. Pero sólo las diapositivas, no la música de fondo (La Paloma, por Semino Rossi). Seguiré porfiando.
 

10 de junio de 2014

De lenguas y de playas

Ya dije que no faltan temas para quien quiera escribir un blog; al contrario, se acumulan sin tregua. Y eso que los reduzco muchísimo. Hoy quiero atar cabos sueltos, insistir sobre cosas de mi entrada de ayer, que era para ser leída… y oída.

        La canción Wo die Nordseewellen, está cantada en plattdeutsch, en bajo alemán, que se habla todavía en áreas rurales del norte de Alemania. ¿Es muy diferente del alto alemán? Si se ve escrito, no demasiado, pero hablado, complica mucho el asunto. Voy a Wikipedia y tomo un párrafo, que mutilo: “En el término bajo alemán están los grupos bajo fráncico (en el oeste) y bajo sajón (en el este). El grupo bajo fráncico comprende el holandés, flamenco occidental, brabantés/flamenco oriental, kleverlandés, groningués, zelandés, limburgués, afrikáans… El Plattdeutsch comprende aquellos dialectos bajo sajones y bajo fráncicos que son usados dentro de Alemania…”.

        ¿Puede alguien corriente tener siquiera una idea del tema? Wikipedia sirve para que los atrevidos, que creen que el mundo es sencillo y bastan cuatro ideas para entenderlo, quizá se paren un poco y mediten. ¿Y se puede esgrimir, para justificar cualquier disgregación, el argumento de las lenguas? Podríamos no acabar nunca.

        En ese vídeo aparecen algunas mujeres claramente felinas. No lo busqué, pero no fue desagradable. Prefiero, sin embargo, a Katica Illenyi, la cantante húngara de La paloma (adjunto una foto suya para que todo sea más evidente). En el vídeo lleva un trajecito corriente, no de modisto famoso. No es de esa seda de Tiro a la que un poeta latino, Petronio, llamaba “viento tejido”, o de aquella gasa india transparente, que hace más provocadora la desnudez. Katica canta y ríe como tienen que hacerlo los ángeles.

Una antigua foto mía para mostrar una bella playa alemana, de arena fina y blanca. No sé la fecha, pero es verano, no invierno. El aire fresco y limpio puede ser vigorizante y agradable, pero en estas playas, para mí, es imposible bañarse y uno ha de refugiarse en las Strandkörbe, esas cestas enormes. Algunos alemanes me confiesan, de la manera más sincera y amistosa, que no podrían vivir en un país con un clima como el nuestro. Suelen pasar sus vacaciones más al Norte, en Noruega, hacia el Círculo Polar Ártico, etc. En cambio, otros compran sus casas en Mallorca o Levante y adoran al Sol. El mundo es diverso y cada uno ama lo que quiere y lo que puede.